Hoy no celebramos solo a un santo, celebramos una forma de estar en el mundo.
A veces pensamos que para ser grandes hay que hacer cosas extraordinarias, pero San José nos enseña justo lo contrario: que la verdadera misión está en lo cotidiano hecho con una conciencia distinta.
La verdadera misión está en lo cotidiano
José no hacía cosas diferentes a las nuestras. Preparaba la comida, trabajaba con sus manos y cuidaba de los suyos.
Pero lo hacía con la certeza de que cada pequeño gesto tenía un valor infinito, porque cada gesto era para Jesús.

Imaginar a José en su taller
Imaginaos por un momento a José en su taller. ¿Cómo cortaría esa madera sabiendo que era para la mesa donde comería Dios? ¿Con qué cuidado barrería el suelo de su casa, sabiendo quién caminaba por ella? ¿Cómo escucharía, cómo protegería, cómo miraría…, sabiendo a quién tenía delante?
Nuestro reto
José no hacía cosas diferentes a las nuestras. Él preparaba la comida, trabajaba con sus manos y cuidaba de los suyos. Pero lo hacía con la certeza de que cada pequeño gesto tenía un valor infinito, porque cada gesto era para Jesús.
Y ahí está nuestro reto familiar. Que cuando hoy pongamos la mesa, cuando mañana vayamos a trabajar o cuando nos toque ayudarnos en lo más sencillo, lo hagamos como él: como si cada tarea fuera un servicio directo a Dios.
Vivir así cambia todo. El trabajo deja de ser una carga y se vuelve un regalo. El servicio a los demás deja de ser una obligación y se vuelve algo sagrado.
Al final, se trata de entender que en lo pequeño, en el detalle que nadie ve, es donde más nos parecemos a José. Y donde más cerca estamos de Jesús.
Quizá hoy no se nos pida hacer cosas grandes, sino hacer grandes las cosas pequeñas.
El trabajo deja de ser carga y se vuelve regalo”
Albedro
Asociación Familiar y Cultural